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Cuando la excepcionalidad de tu hijo es emocional

Cuando la gente piensa en un niño doblemente excepcional, casi siempre piensa en un niño superdotado y con problemas de aprendizaje. La segunda excepcionalidad suele ser un problema educativo, como la dislexia, o fisiológico, como un problema de integración sensorial. Sin embargo, algunas veces, el segundo aspecto excepcional del niño se dice que es emocional, social o de comportamiento. Son niños a los que se les califica de difíciles, mal educados o, sencillamente, raros, y eso a pesar de su inteligencia (o quizá debido a ella) y se les llega a diagnosticar de TDAH, Asperger o trastorno bipolar. Pero, ¿realmente merecen las dificultades de estos niños un diagnóstico? ¿Son trastornos o son aspectos de la superdotación mal entendidos y mal atendidos? Puede ser que, efectivamente, haya un trastorno emocional grave y, entonces, el hecho de minimizar el problema impide que el niño reciba la ayuda que necesita. Pero, por otro lado, también puede ser que el ser diferente de su hijo haya sido patologizado, es decir, puede que la diferencia de su hijo haya sido convertida en enfermedad, en cuyo caso el niño puede sufrir daños innecesarios en el esfuerzo de solucionar un problema que no existe. Como padres atentos y preocupados, ¿cómo saber cuál es su caso? ¿Cómo distinguir entre diferencia y trastorno, sobre todo en  los superdotados adolescentes?

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